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Termas El Corazón
La Familiaridad de la Excelencia
por Andrés Cataldo




Valor que inspira tranquilidad.

Un punto que llama gratamente la atención, es la señalética clara y precisa desde los Andes hasta la meta del viaje de hoy: Las Termas el Corazón.
Es frecuente que al viajar por nuestro país, muchas veces se tiene que detener el vehículo para preguntar una y más veces, cuál es el camino cierto y seguro. La señalética no falla, y eso ya despierta agrado.
A la entrada del complejo, cruzamos por una avenida flanqueada de árboles, que guían nuestra llegada a la recepción. Vemos como las instalaciones en un día de semana de marzo, dan cómoda cabida para todos; si bien hoy, en su mayoría son asistentes a convenciones de prestigiosas empresas, se mantiene la tranquilidad y cordialidad, propia de los ambientes que buscan viajeros en plan de turismo y descanso.

Termas el Corazón, se ha ganado de manera integral, su apropiada denominación de hotel, spa y centro de eventos. Sus amplios ocho pabellones, cumplen la misión de poder abarcar con un gran equilibrio a cientos de huéspedes. No se dan interferencias entre lugares como el Spa y salones propicios para un mayor dinamismo, ajustado a un centro de eventos. Los pabellones unidos por cómodas rampas nos van guiando, y mostrando con mayor detenimiento el Valle del Aconcagua, con sus cimas y clima de valle cordillerano similar al mediterráneo. En este punto se logra una calma, reflejada en su arquitectura, dónde la piscina cubierta otorga una gran sensación de serenidad en camino al spa del recinto.



Cuesta precisar, cuando un lugar determinado proyecta una sensación que va más allá de su autonomía y potencial dentro del rubro turístico. Era necesario que se dieran las condiciones para que alguien visionario decidiera emprender en un lugar casi anónimo cercano a Los Andes, tal como lo era en ése entonces.
La historia del lugar surge, cuando el Doctor Antonio Bianchini se entera luego de unos años residiendo en Chile, de la venta de un terreno con agua termal en el Valle de Aconcagua, decidiendo asentarse junto a su familia para luego abrir, Las Termas el Corazón en 1946, en la comuna de San Esteban. Los ya sesenta y siete años como punto turístico de excelencia, hablan anticipadamente de que algo realmente positivo se tuvo que hacer, para llegar a estar situado entre los primeros destinos que recuerdan los chilenos al nombrar espacios turísticos.



Al solicitar recorrer y conocer “Termas el Corazón”, se nos señala que su relacionadora pública Victoria Bianchini no se encuentra por estar en las oficinas centrales, desde las cuales se conecta especialmente con el extranjero.
Sin embargo esto no es una negativa; por el contrario quien nos atiende es la señora Mirna Barra quien se comunica rápidamente con ella, y nos señala que no existe ningún problema para conocer y fotografiar el lugar. Es esta relación próxima, para tomar decisiones entre trabajadores del Valle del Aconcagua y la familia Bianchini Frost, lo que muestra un crecimiento mutuo a través de todas estas décadas. Nos damos cuenta paulatinamente con cada conversación, que esto no obedece a un protocolo establecido, sino que estamos en un espacio de gestión inteligente y flexible, entre los descendientes de la familia fundadora, y trabajadores del Valle de Aconcagua en un círculo virtuoso palpable.



Muchos de ellos ya trabajan más de cuarenta años en este lugar. No sólo han quedado en un puesto estable, algunos han aprovechado la posibilidad concreta de crecer laboralmente. Por otra parte los más novatos de la familia propietaria, a su vez también hacen escuela en el lugar. La relación de progresión por tanto es recíproca. Tal como lo expresa José Herrera: “Siempre les digo a los jóvenes de acá, que ésta es la mejor escuela”, y nos comenta como hace treinta años emprendió su labor como rondín. Relata cómo fue conociendo los diversos oficios, desde su llegada el año 1981 cuando aún no se contaba con amplios salones, y de cuando el año 1983 se inauguró el primero, el de gran relevancia para su época, el salón: “Herman Frost”.

Para José era vital conocer las innovaciones, aún cuando en ese momento no le atañía directamente. José Herrera es ahora el encargado general, de los ocho salones habilitados para los diferentes encuentros empresariales, turísticos y corporativos. Nos atrae la atención, el más moderno, una muestra innovadora y de punta, en cuanto a su infraestructura, llamado “Salón Azul”. Nos comenta con un dejo de alegría: “el nombre lo sugerí yo”. Nos termina diciendo: “el aconcagüino es de gran amabilidad, pero también esto se debe a la responsabilidad”. Y como visitante uno lo siente y reconoce.
 
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